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Wolves rompe el hechizo en la Premier: el gol de Jhon Arias que abre una esperanza contra el descenso
Este fin de semana Wolverhampton Wanderers dejó atrás una primera mitad de temporada sin triunfos y encontró, por fin, una victoria que llevaba meses persiguiendo.
El colombiano tuvo una destacada actuación y su equipo empieza el camino de la recuperación con su primera victoria.
Fue un 3-0 ante West Ham en Molineux, resuelto desde el arranque con un gol de Jhon Arias: el mismo fichaje que llegó con expectativas altas, atravesó semanas de ajuste y críticas, y terminó marcando una escena que el club necesitaba para creer otra vez.
Wolves venía arrastrando un calendario que se había vuelto una cuenta regresiva incómoda. Jornada tras jornada, el equipo acumuló derrotas y empates, y el “todavía falta” se convirtió en rutina.
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El propio registro lo explicaba sin adorno: hasta el 3 de enero, el club no había ganado en la liga y llegaba a su partido número 20 de la temporada 2025/26 con esa marca encima.
En ese contexto, cualquier plan de permanencia se veía cada vez más lejano, no solo por los puntos, sino por la sensación de que los partidos se le escapaban incluso cuando encontraba tramos competitivos.
La tarde cambió rápido. A los cuatro minutos, Arias apareció para convertir el 1-0 y alterar el clima de un estadio que necesitaba un detonante.
El tanto llegó temprano, con una acción que premió la salida intensa del local y que, de inmediato, condicionó el partido: West Ham quedó obligado a adelantar líneas y Wolves encontró espacios para jugar más directo, con transiciones que hasta entonces no le habían alcanzado para sostener ventajas.
Para Arias, además, fue un punto de inflexión personal: su primer gol liguero en Inglaterra, y el que abrió el marcador en el día que terminó siendo la primera victoria del equipo en la Premier esta campaña.
La primera mitad fue el resumen de lo que Wolves había buscado sin éxito durante meses: contundencia en momentos clave.
Hwang Hee-chan amplió la diferencia desde el punto penal alrededor de la media hora y, antes del descanso, Mateus Mané firmó el tercero con un remate que terminó de inclinar la escena.
El marcador no solo dio tranquilidad, también permitió que Wolves jugara el segundo tiempo con otra cabeza, administrando esfuerzos y defendiendo con un orden que había sido intermitente en el semestre.
La lectura general del partido coincidió en un detalle: el golpe inicial fue determinante, y ese golpe lo dio Arias.
La historia del colombiano dentro del club ayuda a entender por qué su gol tuvo peso simbólico.
Arias llegó como una apuesta fuerte del mercado de verano, procedente de Fluminense, en un movimiento que lo instaló como una de las caras nuevas del ataque y parte de un plan de reconstrucción.
Su aterrizaje, sin embargo, no fue lineal. Desde el arranque, el cuerpo técnico pidió paciencia y habló de adaptación: un futbolista que venía de otra liga, con otras rutinas y ritmos, debía absorber una Premier League que combina técnica con una exigencia física y una velocidad de juego distintas.
Esa explicación apareció temprano en la temporada, cuando todavía se discutía dónde rendía mejor y cuánto tardaría en sostener su juego de extremos y diagonales ante defensas más agresivas.
En semanas posteriores, el debate alrededor de Arias se fue instalando en dos planos. Primero, el colectivo: Wolves no ganaba y eso volvía más visibles los errores, las decisiones apresuradas y la falta de puntería.
Segundo, el individual: un fichaje con cartel suele ser medido por impacto inmediato, y la Premier no suele conceder demasiadas treguas a quienes llegan con la etiqueta de solución.
La presión se volvió parte del entorno del jugador, justo cuando el equipo transitaba el fondo de la tabla y cada partido parecía reforzar la idea de una temporada cuesta arriba.
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Por eso el 3 de enero no fue solo un gol: fue un mensaje dentro del vestuario. El técnico Rob Edwards, que también necesitaba un punto de apoyo en su etapa inicial al mando, dedicó el triunfo a la afición, subrayando el valor de cortar la racha y premiar la espera de un público que había acompañado incluso en el tramo más áspero.
Esa dedicatoria encaja con el clima del club: cuando una temporada se empantana, la primera victoria funciona como un alivio y, a la vez, como la confirmación de que todavía hay margen para competir.
La pregunta grande, desde luego, no desaparece con un 3-0: ¿alcanza para salvarse? La misma crónica del partido dejó claro que fue la primera alegría liguera del curso, pero también que el camino hacia la zona segura sigue siendo largo.
Aun así, la victoria modifica un elemento decisivo en una pelea por la permanencia: la fe.
Cuando un equipo pasa meses sin ganar, el descenso empieza a sentirse como una inercia; cuando por fin gana, vuelve a existir la idea —así sea mínima— de encadenar resultados, ajustar detalles y convertir cada semana en una oportunidad.
Arias queda en el centro de esa esperanza porque su perfil se ajusta a lo que Wolves necesita para una remontada: desequilibrio para salir de presiones, conducción para activar transiciones y una presencia que obligue a los rivales a defender más atrás.
Su primer gol liguero llegó, además, en el partido que debía llegar: el que detuvo el desgaste emocional de la campaña.
Ahora, la tarea es otra: sostener la influencia, transformar el tanto en confianza y, sobre todo, repetir actuaciones que le permitan al club sumar con frecuencia.
En la Premier, la salvación rara vez llega de un día brillante; llega de insistir cuando el calendario aprieta.
Wolves empezó 2026 con un hecho simple y enorme: ya sabe lo que es ganar en esta temporada. Y en esa primera victoria, el primer grito fue de Jhon Arias.
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